Etapas de la historia de la metafísica según Heidegger

Heidegger denomina en general “metafísica” a un dispositivo implantado en la realidad, en la totalidad de los entes, que pretende clausurarla, cerrarla de un modo definitivo y fijo; ¿cómo? Atándola a un Fundamento. Ese fundamento –el ente supremo, la realidad considerada superior- es el que decreta que solo hay un único Mundo Verdadero, un Orden inmutable y eterno.

A su vez, subraya Heidegger, la metafísica tiene una historia cuyas etapas centrales coinciden con la misma historia de Occidente. En cada una de ellas ha regido una distinta figura del Fundamento. Las etapas principales de esta historia de la metafísica son tres: cosmológica, teológica y antropológica.
La primera etapa es la de la Antigüedad grecolatina. En ella el fundamento es el propio mundo: el orden absoluto y completo de todo. Así, por ejemplo, Platón distinguió entre un Mundo superior poblado por Ideas o Esencias suprasensibles –un mundo eterno, necesario- y un mundo inferior surcado por cambiantes y efímeras apariencias (en el conocido como “mito de la caverna” se expone esto de un modo nítido y claro).

La segunda etapa se caracteriza por sostener que el único fundamento es “Dios” y abarca tanto la Edad Media como el Renacimiento y la primera Modernidad (hasta mediados del siglo XVIII). Dios, como ser supremo, causa creadora, etc., es la instancia que define y sostiene el único y legítimo orden de la realidad (así, por ejemplo, se sostiene que la última fuente de la autoridad política del gobernante se debe a la gracia de Dios).

La tercera etapa comienza a finales del siglo XVIII. En ella se afirma que el fundamento de todo es el Hombre, al que desde entonces se concibe como el “Sujeto” (un término que significa “lo que subyace”, lo que sostiene y soporta algo (o sea, el fundamento). Es esta una etapa, en definitiva, antropocéntrica y antropomórfica.

Según Heidegger esta tercera etapa –la que marca la modernidad del mundo- atravesó en el siglo XX una crisis profunda que aún no se ha desplegado del todo. Por eso -siguiendo aquí a Nietzsche aunque con matices distintos- afirma que la modernidad ha desembocado en un “nihilismo” en el que la férrea alianza entre la ciencia y la técnica (la tecnociencia) amenaza con destruirlo todo (la crisis, así, es a la vez una crisis ecológica y social o política).

Lo retador y obstaculizante de la técnica

Heidegger, finalmente, sostiene que el modo inicial de afrontar esta crisis se encuentra en entender a fondo la historia de la metafísica intentando, a la vez, desmontar sus mecanismos propios; esto es lo que busca este autor con lo que desarrolla bajo la expresión “pensamiento del ser” (en él se rechaza, por ejemplo, la tesis de que los entes estén atados a un único fundamento, subrayando por lo tanto que otros mundos son también posibles). La filosofía de Heidegger, en definitiva, se articula alrededor de una crítica de la metafísica.

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