El método fenomenológico según Husserl

La fenomenología sostiene que la filosofía tiene como campo temático a los fenómenos: a todo lo que aparece, se muestra, se presenta. Pero esto es en exceso genérico. La tesis concreta de Husserl (con la que no están de acuerdo todos los fenomenólogos) es que lo primero y básico que se presenta con certeza son los “fenómenos de conciencia” o “las vivencias” (Husserl es aquí el heredero por una parte de Descartes –según el cual lo primero evidente es la “autoconciencia”- y por otra parte de Kant –según su idealismo el Sujeto humano es el fundamento del mundo, desplazando así a Dios de su pretérita posición central; en la modernidad, y esto es algo aceptado y apoyado por Husserl, triunfa el “antropocentrismo”, el “idealismo”, surgido en contraposición al teocentrismo anterior).

Edmund Husserl

El estudio que emprende Husserl de los fenómenos de la conciencia se acomete según un método. Este método consta principalmente de dos fases o etapas: la epojé y la reducción. La epojé (equivalente a la duda en Descartes) consiste en suspender o poner entre paréntesis la “tesis de la actitud natural” (la tesis propia de la “vida espontánea”, común y corriente, ordinaria). Esta es una tesis de sesgo realista: declara, de modo implícito o inconsciente, la primacía del objeto, la prioridad del mundo (él parece que “está ahí” aunque no esté yo, etc.). Pero Husserl, en base a la “intencionalidad de la conciencia”, sostiene que el mundo de los objetos no es nada sin el "yo" (sin un yo que lo capte, que lo entienda, que lo viva). Por eso la epojé o suspensión de la tesis realista tiene un carácter “reflexivo”: implica un volverse desde el mundo (objeto) hacia el yo (sujeto); tenemos otra vez aquí lo que venimos subrayando: Husserl insiste en que el tema de la fenomenología, sus fenómenos principales y centrales, son los “fenómenos de la conciencia” (estamos aquí pues ante la primacía de la autoconciencia, de la conciencia del yo).

La "epojé"

Si la epojé nos conduce hasta la conciencia del yo y sus vivencias, el siguiente paso metódico en la indagación en este campo temático está en la denominada “reducción”. La reducción es doble: reducción eidética y, después, reducción transcendental.

La reducción eidética consiste en pasar de los hechos (particulares y contingentes) hacia sus esencias (universales y necesarias); tenemos aquí pues una influencia “platónica” (el mundo de los hechos está sostenido y atravesado por un reino ideal de esencias puras). En el caso que nos ocupa se trata de explicitar la esencia de la conciencia: exponer sus propiedades esenciales (una de ellas es, por ejemplo, la “intencionalidad”: “toda conciencia es conciencia de algo”).

La reducción transcendental es la que termina concretando la tesis idealista de la fenomenología Husserl. Consiste en describir cómo el Sujeto (yo, conciencia) constituye (“crea”, “produce”, “construye”) los objetos en su esencia propia (un objeto físico, un objeto matemático, etc.) Estamos aquí en la manera husserliana de proseguir una tesis de Kant: Sujeto-Objeto (el ser humano, se afirma, es el fundamento último del mundo).

Puede destacarse, para terminar, que no todos los discípulos de Husserl (por ejemplo Heidegger, Ortega...) aceptaban esta versión idealista de la fenomenología, y este punto de discrepancia abrió un cisma en esta corriente de la filosofía contemporánea.

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