Heidegger: la estructura ontológica del ser-en-el-mundo

Heidegger sostiene que la pregunta es “ontología”, es decir que formula una pregunta por el “ser”. ¿El “ser” de qué? El ser de todo aquello que se muestra o aparece siendo esto o siendo aquello (un triángulo, un árbol, un martillo; eso que es muestra o se manifiesta recibe el nombre de “ente” –un participio del verbo ‘ser’-). Con el fin de precisar más la respuesta a la pregunta por el ser, añade Heidegger la consideración siguiente: esa respuesta tiene que comenzar desarrollando una analítica de la existencia humana porque es ella la que por una parte trata con los entes (sean triángulos, árboles o martillos) y por otra, y más radicalmente, comprende el ser de todo lo que “es” –de todo lo que aparece o comparece.

Por este motivo la elaboración de una ontología –de la pregunta por el ser- tiene su primera etapa en un análisis de la existencia humana; con el fin de referirse a esta última acude Heidegger al término alemán “dasein” y es este término el que suele traducirse a nuestra lengua con la expresión “ser-ahí” (es lo que literalmente dice la palabra alemana), por lo tanto con ella nos referimos a eso que somos nosotros (es pues un término equivalente a ‘existir humano’); y como acabo de señalar el existir humano se caracteriza tanto por tratar con entes (trata con triángulos cuando se embarca en el terreno de la geometría, trata con árboles cuando pasea o cuando los corta para extraer madera, trata con martillos cuando fabrica una mesa) como por comprender el ser de esos entes (el trato con un triángulo –midiendo su área por ejemplo- implica que previamente comprendo qué es un triángulo).

Ser-ahí

Tenemos pues por el momento esto: ser-ahí es una expresión que se refiere a la existencia humana. Y Heidegger lo que se propone inicialmente es llevar a cabo una investigación sobre en qué consiste o qué es la vida humana. El punto de partida de su indagación dice así: radicalmente entendida, la vida humana (la existencia, el ser-ahí) es “ser-en-el-mundo”; es decir la existencia es enteramente mundana. El significado de esto se entenderá mejor si vemos que tal definición se opone a otras definiciones de la vida humana que también se han dado en la tradición. Heidegger, por ejemplo, con la idea que estamos exponiendo se opone a la definición cristiana de la vida, ¿por qué? Porque aunque en el cristianismo se comienza reconociendo que la vida humana es mundana se piensa que esto es algo ‘transitorio y provisional’ (la auténtica vida, señala, está más allá del mundo de la vida corporal, en una vida ‘espiritual’).

Esto, señala Heidegger, implica en el fondo no tomarse en serio que la existencia humana es en el mundo, que en él nace y en él muere (y nada más, o nada menos). Por otra parte en la tradición del idealismo filosófico moderno se ha sostenido, por ejemplo en Kant, que el hombre es el Sujeto (el fundamento) y el mundo es un objeto (algo puesto o producido por el sujeto); pero con esto, apunta Heidegger, se está diciendo que el hombre es previo al mundo, que puede separarse o aislarse del mundo, que es autosuficiente e independiente (puede definirse, parece, al margen de su inserción o su pertenencia al mundo); sin embargo si la existencia humana es radicalmente mundana no puede entenderse de este modo y por ello Heidegger rechaza la separación entre sujeto y objeto (ni la vida humana es el Sujeto ni el mundo es un objeto del que ella pueda disponer o que ella haya creado o generado). Y esta es la razón por la que la expresión “ser en el mundo” se escribe de esta curiosa manera: ser-en-el-mundo.

¿Qué indican esos “guiones” puestos entre las palabras? Indican que los elementos a los que cada palabra se refiere no pueden ser separados o aislados de los demás; según esto, en definitiva, la existencia humana es radicalmente mundana (fuera del mundo o antes del mundo no es nada). Por otra parte lo que aquí está exponiendo Heidegger es un “antecedente” –o algo semejante al menos- de lo que Ortega y Gasset sostiene cuando afirma “yo soy yo y mi circunstancia” (o sea, el yo, cada uno de nosotros, es lo que es en una circunstancia, y el mundo no es otra cosa que la totalidad o el conjunto de las circunstancias en las que puedo actuar y desarrollar mi vida –tratando con los entes a partir de la previa comprensión de su ser).

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