Reseña de "Las cenizas del califato", de Mikel Ayestaran

Aún siguen vigentes en nuestra memoria los asesinatos de periodistas y cooperantes grabados en vídeo por soldados del Estado Islámico, o las desgarradoras imágenes de los atentados llevados a cabo en ciudades como París, Niza, Berlín o Barcelona. Al recordar estos hechos, muchos de nosotros nos preguntamos qué ha sido del EI, cómo pudo nacer esta pesadilla, qué trayectoria siguió y cuál es el actual estado de la cuestión. Mikel Ayestaran lo expone en este libro de forma sencilla y conmovedora. Es una obra periodística bien estructurada y que se lee rápidamente, indispensable para quien quiera conocer cómo empezó todo, qué ocurrió, dónde ocurrió y cuál ha sido el desgraciado resultado.


Portada de ´Las cenizas del califato`

El punto de partida es, cómo no, Bagdad, en donde tuvo lugar el nacimiento de la bestia en 2003 con el fin de hacer frente a la invasión de Irak auspiciada por EEUU. Es ahí donde comienza la labor periodística de Mikel, descrita de una forma tan particular como descarnadamente real: "El circo se pone en marcha, y los periodistas somos los payasos en busca de nuestro minuto de gloria, nuestro gran reportaje que nos lleve a ganar premios o a escribir libros por contar el sufrimiento de cientos de miles de personas".

Mikel recorre todos y cada uno de los lugares relevantes en los que el EI ha ido dejando su sangrienta huella: Bagdad, Mosul, Palmira, Jerusalén, Gaza, Faluya, Tikrit, Damasco, Alepo, Deir Hafer y Akerbat. Y lo hace con la necesidad de mostrar a quienes no hemos estado allí que las cosas se perciben de forma muy diferente desde fuera a como son en realidad en su interior. Gracias a su trabajo podemos atenuar la distorsión que nos produce la distancia. Pero esta vez Mikel ya no es solo un periodista sino que es un hombre afectado que no duda en mostrarnos su lado más humano. Las menciones a su esposa y a sus hijos nos muestran a una persona conmovida por la tragedia humana que le toca presenciar y narrar. Lo que ve, lo que siente, le hace pensar en su familia y pensar que les podía haber tocado a ellos, porque uno no elige dónde nacer, y está expuesto a sufrir desgracias que no estaban en el guion. Y su corazón llora en su interior, la frialdad deja de ser un muro de contención de sentimientos y emociones que permite asistir a los acontecimientos con objetividad. Mikel da un paso al frente y se compromete: "Esta gente lo que necesita son médicos y enfermeras, no cámaras que vengan a mostrar su deplorable situación. Apago la mía, dejo a un lado el puto cuaderno de notas donde he anotado todas sus miserias y me siento con Muhatna. Le doy la mano: siento sus dedos rugosos y sucios. Trato de empezar uno de los juegos de magia tontos que practico con mis hijos mientras pienso: "Joder, que no les toque nunca algo así". Funciona. El niño, con el corazón dañado pero con unos ojos marrones que me comen, sonríe y quiere más y más. Pronto estamos rodeados de decenas de pequeños que hacen cola para jugar. El tumulto llama la atención del director del campo y Flayeh me dice que tengo que darme prisa porque los responsables de la gobernación nos están esperando. La felicidad dura unos minutos. Al final, son esos pequeños instantes de vida los que recuerdo y me hacen llorar de emoción, no los que recojo a través de la lente o en mi colección interminable de Moleskine, que se convertirán en productos de consumo para los medios. Estos niños son las auténticas cenizas que deja el califato, y crecen en el caldo de cultivo ideal para convertirse en la próxima hornada de yihadistas, bajo las siglas que sean".



"Los yihadistas sirven a los intereses de países concretos, no de religiones. El terrorismo lo fabrican países, no las religiones"

El legado del Estado Islámico son cientos de pueblos y ciudades espectrales a los que sus habitantes ya no pueden volver. Todo está destruido, no hay servicios, y el miedo y la inseguridad se ha instalado en sus miradas y en sus ánimos, porque son conscientes de que nadie les va a ayudar a rehacer su vida. Para destruir siempre hay buena predisposición, parra construir, no. Hace tiempo que Occidente decidió combatir al EI por la vía de las armas, pero la única forma de derrota que garantiza resultados exitosos y efectivos a largo plazo es la de la educación, y eso conlleva un tiempo y un esfuerzo que nadie está dispuesto a asumir. Y como el enemigo es una ideología, volverá, sin duda: "Es imposible explicar el éxito del Daesh sin tener en cuenta el apoyo exterior que recibía de países como Turquía, Arabia Saudí, Catar o Estados Unidos; y volverán, estoy seguro de que volverán si no controlamos las fronteras, si no se detiene esa ayuda externa y si se reactivan las células durmientes, porque ellos siguen teniendo seguidores entre nosotros".


Bandera del Estado Islámico

Volverán, todos lo creemos así. Y Mikel Ayestaran estará allí para contárnoslo.


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